Al fondo del occipital

Pelear conmigo mismo se volvió rutina. Desde afuera seguro parezco calmado, como si entendiera todo, pero por dentro el ruido sube tanto que a veces ya no distingo si lo que escucho es real o solo otro round entre mis versiones.

Casi siempre empieza con una sensación de inferioridad. A veces contra el mundo, a veces contra mí. Miguel Ángel suele ser el que prende la mecha: el emprendedor tenso, serio, inquieto, siempre esperando el siguiente golpe. Si lo pienso bien, es lógico que sea él quien dispara la mayoría de los conflictos. Vive con la espalda contra la pared.

Luego aparece el papá. Ese Mike más blando, más sumiso frente a sus crías. No entra para ganar el pleito, entra porque carga miedos que no venían de fábrica, miedos que nacen con cada hijo y crecen con patrones que uno ni sabe nombrar. Esos miedos se quedan toda la vida, y ese Mike lo sabe.

Hay otro que ni pelea. Solo ve. Cuando el ambiente se tensa, agarra sus cosas y se va a nadar, o a pedalear hasta perderse. Ese es el que usa el cuerpo como escondite, el que se aleja de la gente y de esa incomodidad social que nunca ha sabido manejar. Y aunque parece el más simple, es la válvula que mantiene a los demás en funcionamiento. Sin él esto ya habría explotado.

Sé que hay más habitantes allá adentro, pero son difíciles de identificar. Aunque hay uno… ese es distinto. No sé bien qué es. Vive en el fondo del occipital, cerca del cerebelo, como un espectador de colores raros. Llama la atención sin quererlo. Ese escribe, pinta, baila, se ríe solo. Le gusta divertirse, pero casi nunca puede: siempre está esperando a que los demás se callen para tomar el control aunque sea un rato. Quiere ser el alma de la fiesta pero el resto anda agotado, seco, apático.

No sé si quiero que este comité interno desaparezca. No creo que sea posible. Soy todos ellos, y ellos son yo. A veces uno toma el volante, a veces todos quieren manejar al mismo tiempo. Lo único que realmente deseo es que el control dependa de mí y no de las circunstancias. Tal vez, en una de esas, el fondo del cerebro se convierta por fin en el centro de mando.

Mike
Vida Vltra

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