Me quejo o no me quejo?

Las reseñas, historias o cómo sea que se llame lo que escribo aquí, suelen salir el 99% de las veces por impulso, ya sea una idea a desarrollar que surge repentinamente y que de alguna manera logra ubicarse como prioridad sobre las decenas de pendientes que tengo (que es justo como está pasando en este momento) o muchas veces si son ideas que dan vueltas por mi cabeza por dias, semanas o meses y después de mucho tiempo y un par de borradores, terminan convirtiéndose en algo, según yo, un poco más profundo, aunque en realidad, no dejo de ser yo escribiendo pendejada y media.

Éste post comenzó a gestarse desde hace un par de dias, el sábado 15 de Junio para ser exacto, y es que ése dia estaría corriendo un trail de 36 K bastante rudo que hizo que este texto cambiara tanto en tan solo un par de dias, que mientras lo estoy escribiendo, sigo sin tener claro de que va.

El punto es que mientras arrancaba la carrera, con un entrenamiento que yo se que es apenas suficiente para terminar en un tiempo razonable, me sentía fenomenalmente bien y con confianza de lograr el objetivo de terminar la carrera, comenzaron a surgir ideas sobre cómo escribiría sobre mi “regreso” a las carreras, tratar de profundizar un poco en los procesos y cambios que he vivido estos últimos años y cómo éstos se han relacionado y han influído en mi vida deportiva.

Si ya sé, super básico y sin chiste, pero bueno, asi empiezan a veces las ideas, lo bueno, es que fué evolucionando, conforme avanzaban los kilómetros y las cuestas comenzaban a sentirse cada vez mas intensas comencé a pensar en escribir algo más técnico y responsable, ya sea sobre la irresponsabilidad de no entrenar correctamente, o sobre lo técnico y poco amigable que es el terreno de esta carrera y cómo enfrentarlo mejor.

De hueva, ya lo se.

De pronto la trama cambió pasando el km 10, de lo que parecía que iba a ser una aburrida novela, se convirtió en una comedia, según yo. Resulta que su servidor, en un descenso con muchas piedras y arena, tuve la mala suerte de pisar una piedra que estaba suelta y volé para aterrizar con todo el cuerpo sobre la parte lateral de mi muslo contra una hermosa y puntiaguda piedra rojiza del tamaño de un balon de americano.

Si, dolió.

Y un chingo, y bueno además de que se me durmió la pierna y me costaba trabajo apoyar sin que se me doblara.

Y pues con esto empezó una novela tipo señor de los anillos, ya que para colmo, me caí justo comenzando a bajar del cerro que me tomó como 2 horas subir y pues ahora la fuerza y el control que necesito de mis piernas para los descensos que seguían, lo había perdido. Decidí tomarlo con calma, intentar trotar en los tramos en los que los viera factible y caminar el resto. Y así fué…

Volví a caerme un par de kilometros antes de llegar al abastecimiento, ahora fué un sentón sobre otra piedra, no fué tan grave pero si lo suficientemente doloroso como para ahora ir cojeando de ambos lados. Al final logré llegar para anunciar mi retiro, y todo adolorido, esperar todavía casi 2 horas a que me pudieran llevar de vuelta.

Mientras iba cojeando, sufriendo cada vez un poco más y con el solo que ya comenzaba a sentirse mas intenso, comencé a hacer lo único que me quedaba hacer, pensar en las cosas mas random que pudieran y al mismo tiempo tratar de darle sentido a mi vida. Y ahi es donde surgió un nuevo giro para este post.

Porque ya no iba a ser motivacional, tenía ahora una nueva experiencia de resiliencia y sobre como no arriesgar tu salud por una medalla, o alguno de esos tópicos clickbait que tanto nos maman cuando empezamos en el deporte y con los que la mayoría de los influencers actuales suelen captar masas.

Entonces cómo lo hago? mas bien, lo hago?; vale la pena?

Y bueno pues ahi empieza uno a perderse como en el mundo de Sofia y en darle respuesta a tantas incógnitas tan simples y complejas de la vida. Ya no me preguntaba sobre que escribir, sino si debía realmente hacerlo, o si lo quería.

Y aqui estoy, varios párrafos después, con una historia a medio contar y con la misma incógnita que vengo cargando desde el kilómetro 18. ¿Realmente quiero hacerlo?

La respuesta, es obvia, pero la intención aún no.

Y es que, al final no se si es una historia triste o feliz, es más, ni siquiera sé si aplique realmente como historia y lo peor del caso, es que aunque hubiera dejado una reseña detallada de cómo aconteció todo, o si éste post no existiera, el mundo sería exactamente el mismo. Sin embargo dejé de pensar, dejé de cuestionarme el motivo la intención real escondida detrás de cada acción. Porque ni yo lo sé a ciencia cierta y muchas veces termino descubriéndolo hasta que está terminado y tengo la oportunidad de volver a re leerlo con mas calma.

Lo que si sé es que una vez más, a pesar del resultado, valió la pena cada minuto de la experiencia, me dejó vistas, sensaciones y olores que seguramente olvidaré en unos años, pero un putazo que hará que el recuerdo se aferre a sobrevivir mucho más que la mayoría.

Y por eso elijo no quejarme, porque al final pude escribir este texto y eso es algo que disfruto por el simple hecho de hacerlo, pude observar un poco más de lo que lo hubiera hecho si mi mente no se hubieran podido despegar del terreno y cada pisada y sobre todo, porque aunque pareciera que perdí una medalla, gané algo más chingón, tiempo para pensar por primera vez en mucho tiempo, si sigo haciendo lo que quiero, o simplemente aprendí a querer lo que hago.

Definitivamente no me puedo quejar, me llevé el premio más grande sin querer, tiempo para mi.

#vidaultra

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *