Al fondo del occipital

Pelear conmigo mismo se volvió rutina. Desde afuera seguro parezco calmado, como si entendiera todo, pero por dentro el ruido sube tanto que a veces ya no distingo si lo que escucho es real o solo otro round entre mis versiones.

Casi siempre empieza con una sensación de inferioridad. A veces contra el mundo, a veces contra mí. Miguel Ángel suele ser el que prende la mecha: el emprendedor tenso, serio, inquieto, siempre esperando el siguiente golpe. Si lo pienso bien, es lógico que sea él quien dispara la mayoría de los conflictos. Vive con la espalda contra la pared.

Luego aparece el papá. Ese Mike más blando, más sumiso frente a sus crías. No entra para ganar el pleito, entra porque carga miedos que no venían de fábrica, miedos que nacen con cada hijo y crecen con patrones que uno ni sabe nombrar. Esos miedos se quedan toda la vida, y ese Mike lo sabe.

Hay otro que ni pelea. Solo ve. Cuando el ambiente se tensa, agarra sus cosas y se va a nadar, o a pedalear hasta perderse. Ese es el que usa el cuerpo como escondite, el que se aleja de la gente y de esa incomodidad social que nunca ha sabido manejar. Y aunque parece el más simple, es la válvula que mantiene a los demás en funcionamiento. Sin él esto ya habría explotado.

Sé que hay más habitantes allá adentro, pero son difíciles de identificar. Aunque hay uno… ese es distinto. No sé bien qué es. Vive en el fondo del occipital, cerca del cerebelo, como un espectador de colores raros. Llama la atención sin quererlo. Ese escribe, pinta, baila, se ríe solo. Le gusta divertirse, pero casi nunca puede: siempre está esperando a que los demás se callen para tomar el control aunque sea un rato. Quiere ser el alma de la fiesta pero el resto anda agotado, seco, apático.

No sé si quiero que este comité interno desaparezca. No creo que sea posible. Soy todos ellos, y ellos son yo. A veces uno toma el volante, a veces todos quieren manejar al mismo tiempo. Lo único que realmente deseo es que el control dependa de mí y no de las circunstancias. Tal vez, en una de esas, el fondo del cerebro se convierta por fin en el centro de mando.

Mike
Vida Vltra

Silencio después del caos

Es la primera vez que me siento a escribir con esta sensación rara en el pecho: una mezcla de ahogo y nublina mental. No sé bien por qué me siento así, pero justo eso fue lo que me hizo sentarme frente a la hoja que llevaba semanas en blanco, esperando una inspiración que nunca llegó. Así que decidí forzarla un poco.

Entre mis eventos deportivos más recientes está el 5tuple Ironman. Lo típico sería hacer una reseña de la carrera, contar los días, las distancias, los gels, el dolor y el final. Pero no fue una carrera típica para mí. Y si lo intento contar como siempre, siento que la traiciono. Porque lo que viví ahí no fue solo una carrera, fue la salida de un túnel larguísimo en el que había estado metido sin darme cuenta.


1. El túnel

Hoy puedo confirmar que el 5tuple no fue solo una competencia. Fue como atravesar un túnel de vidrio muy largo al que entré el día que me enfrenté por primera vez a este formato de carrera… y del que salí apenas crucé la meta. Suena exagerado, lo sé. A mí también me cuesta creerlo. Pero entre más pasan los días, más noto la diferencia en mi estado mental y en cómo me percibo a mí mismo.

Y también veo que no es la primera vez que me pasa.

Creo que toda mi vida la he vivido atravesando este tipo de agujeros de gusano personales. Como la corriente en la que las tortugas viajan en Buscando a Nemo: por fuera todo se ve normal, te mezclas con el mundo, convives, trabajas, cumples. Pero por dentro estás montado en una cinta transportadora invisible, atrapado en un flujo que va directo a un solo lugar: corregir el error.

Hoy puedo mirar hacia atrás y ubicar con claridad cada vez que he caído en uno de esos portales de tiempo y espacio después de lo que, para mí, representa un enorme fracaso.

Cuando entro a uno de esos túneles, funciono hacia afuera: trabajo, hablo, convivo, hago chistes, juego el papel que tenga que jugar. Pero en el momento en que me quedo solo con mi mente, vuelvo a subirme a la corriente. Entro en un trance que no me permite distraerme del objetivo: corregir lo que hice mal.

No sé si atravesarlos ha sido bueno o malo. No tengo la distancia suficiente para juzgarlo. Pero puedo asegurar que gracias a esos túneles he logrado prácticamente todo lo que he logrado en la vida. No se alimentan de la vergüenza ni del miedo, estoy seguro. Se alimentan de algo más profundo: una especie de zumbido interno que no se apaga, un ruido en la cabeza que no respeta horarios. Da igual qué esté haciendo, siempre hay pensamientos intrusivos que me regresan al mismo punto: recordar el fracaso.

Y hasta que no siento que lo corregí, no salgo.


2. Los hitos

La universidad: el primer túnel

Creo que el primer túnel fuerte comenzó cuando fallé en la universidad y tuve que volver a empezar. Ahí entendí la lógica de estas corrientes internas: vivir hacia afuera en automático, mientras por dentro una parte de mí se obsesiona con una sola idea.

Ese túnel me llevó a seguir estudiando varios años más. No fue nada heroico: fue una persecución conmigo mismo. Un día, sin fecha exacta, esa persecución terminó. Me sentí en paz, como si al fin hubiera corregido el error. Era libre: de mí y de mis propios pensamientos.

O al menos eso creí.

El deporte: del juego al estilo de vida

Cuando mi hambre académica se calmó, ya estaba metido en el deporte. Al principio no era un estilo de vida, pero empezó a tomar prioridad. Nunca fui bueno, nunca estuve ni cerca de ganar nada, pero algo empezó a engancharme.

Los pequeños fracasos deportivos se transformaron en retos inofensivos de superar. Microgolpes al ego con pequeñas dosis de dopamina y endorfinas como recompensa. Pasaron años, quizá una década, hasta que descubrí el triatlón. Y ahí todo cambió.

De ser un ñoño ingeniero de fábrica programando robots encerrado en cuartos, pasé a emprendedor en el mundo del deporte y deportista amateur. El sueño cliché: vivir de lo que te gusta, y que lo que te gusta sea parte de tu trabajo.

En esa etapa no me preocupaba mucho ganar ni mis tiempos. El objetivo era terminar. Porque en mi cabeza terminar era seguro: solo había que seguir avanzando, sin importar qué pasara.
Hasta que no fue suficiente.

Hasta que no terminé.

Hasta que no se trató solamente de voluntad.

Ahí escuché un nuevo crujido por dentro. Otro fracaso. Y con él, un nuevo túnel.

El primer Ultraman: fracaso, persecución y obsesión

Mi primer Ultraman lo viví como un fracaso brutal. A diferencia de todo lo que había hecho antes, esta vez lo tomé en serio. Entrené, me cuidé, me asesoré, me alimenté, hice todo lo que en ese momento yo creía que tenía que hacer para lograr el reto.

Y fallé.

Para mi mente, fallar es fallar. Da igual el contexto, las excusas o las explicaciones. Recuerdo la sensación en la boca del estómago: impotencia, enojo, un hueco pesado. Por fuera me consolaban. Por dentro, yo ya no estaba ahí. Ya había entrado en el túnel, y la única salida estaba al cruzar esa meta… algún día.

Ese túnel duró un año. La inexperiencia, la necedad y el ego hicieron que fuera un año muy largo y muy pesado.

Intenté meterme a otro ultra a los pocos meses; no podía permitirme esperar un año para volver a intentarlo. Después me rompí el codo, y gracias a eso, me vi obligado a calmarme y enfocarme de verdad. Volví. Lo logré. Y como en el túnel anterior, salí disparado: siete años seguidos haciendo un ultra tras otro y diciendo que sí a cuanta locura deportiva se me cruzaba enfrente.

Otra vez, un día la burbuja se rompió. Vi la salida del túnel. No sabía que había estado ahí, pero al sentirme satisfecho con lo alcanzado, dejé de necesitarlo.

Estaba en paz.
¿O no?

De un túnel a otro sin darme cuenta

Hoy creo que sí estuve en paz… pero pasé de un túnel a otro sin notar el cambio.

El Decaironman fue uno de los primeros retos que conocí, casi al mismo tiempo que el Ultraman. Pero al principio lo veía como algo inalcanzable. Lograr un Ultraman una vez era la cima emocional que yo quería vivir, y en mi mente con eso bastaba.

No sabía que me iba a enganchar así. No sabía que, sin querer, ese tipo de retos se volverían mi estilo de vida, mi lema y mi camino hacia metas que ni soñaba, pero que poco a poco se fueron sintiendo reales y alcanzables.

Suena lineal, como si hubiera sido un proceso limpio, un paso a la vez. En la realidad fue todo menos fácil. Mientras me aferraba al deporte, también construía un negocio, crecía la familia, aumentaban las responsabilidades… y los fracasos dejaron de ser solo deportivos. Empezaron a salir por todos lados.

Seguía en ese túnel, y con cada fracaso, más me aferraba a encontrar la salida, aunque fuera de emergencia. Pero no funciona así. No hay salidas falsas. No puedes comprar tiempo extra.

El 5tuple como mitad del camino hacia el deca

El Deca seguía lejos, pero se presentó la oportunidad de completar la mitad: el 5tuple. Algo dentro de mí me dijo que no estaba listo… pero que esta vez iba a lograrlo. No era una corazonada romántica, era una necesidad rara: quería hacerlo, lo necesitaba, y sabía que tenía que prepararme de verdad.

Cuerpo, mente y eso que se activa cuando los dos fallan.

El resultado ya lo conocen. El “cómo” lo viví está en un podcast. Pero el “cómo me siento hoy” es lo que no vi venir. Y lo que me cuesta trabajo explicar.


3. La salida

Hoy no siento que haya túnel. Al menos, eso creo. No oigo ruido, no siento una persecución interna, no hay zumbido de fracaso pegado al cerebro. Todo lo contrario: por primera vez en mucho tiempo siento que estuve tan enfocado en un objetivo, que hoy tengo paz de “no deberme”.

Los retos siguen ahí. El Deca lo veo alcanzable, pero no tengo prisa por ponerle fecha ni tengo necesidad de demostrarme nada ni a mí ni a nadie. Pensé que estaba cayendo en una espiral nihilista, que todo me daría igual, pero no. No va por ahí.

No es que nada me importe. Es que hoy me siento más consciente y realista de mi lugar en el universo, en el tiempo y en el simple hecho de estar vivo.

Durante años sentí que el tiempo se me acababa para vivir experiencias únicas. Y mientras vivía esas experiencias, muchas veces olvidé cómo vivir todo lo demás: cómo ser humano, cómo conectar con la vida que pasa alrededor. Me llené de medallas y papeles que validan esfuerzos que nadie más puede sentir desde adentro, pero que de alguna manera transmiten algo, inspiran a que otros quieran replicarlos.

Hoy ya no siento prisa. Al contrario.

Hoy sé que, cuando estoy en ese túnel, nadie lo nota. Nadie ve lo que pasa en tu mente, cómo te hablas, los mil escenarios imaginarios de fracaso que se repiten una y otra vez. Esos que ya no puedes decidir ignorar, porque si de verdad quieres lograr algo en la realidad, tienes que haberlo logrado antes mil veces en tu cabeza. Y entre más bonitos sean esos escenarios mentales, más dura suele ser la realidad.

Hoy me siento tranquilo. Satisfecho de haber llegado hasta aquí, haya sido como haya sido.

¿Qué sigue?

Lo que tenga que seguir.
Quizá aprender a vivir sin túneles fantasma.
O, al menos, a reconocerlos a tiempo cuando aparezcan.

Mike
Vida Vltra

Una mente perra

Tantos años escribiendo ideas y cuanta verborrea mi cerebro me exige desahogar y creo que nunca me había podido disociar como para poder verme como hoy por fin puedo hacerlo.

Ha estado cabrón, ha sido una batalla constante entre personalidades y papeles por cumplir que, creo, en el camino fuí perdiendo noción de mi propias convicciones simplemente por no tenerlas claras y dejarme influír por las que me rodeaban y por algún motivo fueron fáciles de adoptar.

Hoy algo ha cambiado, he tomado decisiones, he dicho palabras y he tenido comportamientos que con plena consciencia de la incomodidad que me provoca ejecutarlos, cada que lo hago, siento que recupero una parte de mi .

Y luego, mi mente, esa perra que nunca se detiene, que nunca te permite estar en paz, te hace dudar sobre si el “verdadero” tú es el que está saliendo, o es al que estás encerrando para que ese villano que tanto ha luchado por liberarse, por fin sea el que tome el control.

Si ya sé, la típica historia del villano estándar, demasiado Hollywood en mi cabeza; Mike, date chance, vives en un limbo, en el que al parecer se debe entrar para jugar el juego; ganar dinero, ser “alguien”, existir. Mientras, por dentro intentas descifrar, ¿qué chingados harías de tu vida si sólo pudieras ser? Lo único que hoy suena tentador es poder dormir con la mente en calma, hace tantos años que no he sentido paz mental, que hoy dudo si alguna vez la tuve.

Quizás es consecuencia de vivir entre dosis rigurosas de cafeína por la mañana para terminar de “despertar” y ser productivo, para después entrar en ayuno total de cualquier bebida o alimento estimulante para evitar que mi mente siga rumiando hasta las 2 am, haciendo de ésto un eterno estado de trance, dudo que sea sano, pero es lo que se tiene que hacer para ser como se tiene que ser, funcional y productivo.

Hoy sigo persiguiendo un reto que está a la vuelta de la esquina, me creo capaz de poder superarlo, pero creo que me aterra un poco la lucha que estoy provocando dentro de mi, yo quería una mente perra y se convirtió en perros luchando por quién es más cabrón, una lucha que va a continuar en cada brazada, pedaleada y zancada, lo sé, puedo sentir que habrá batallas en todas y cada una de ellas.

Y al final, quien va a ganar? Que va a ganar?

Ni yo lo sé.

No sé ni lo que busco, ni porqué lo escribo.

Quizás el vencedor, lo sepa explicar.

MIKE?

#VidaVltra

Crash mental

Estoy saturado, mi cerebro no detiene sus revoluciones, a veces estoy tan cansado mentalmente que el ejercicio apenas y logra darme equilibrio, mas no rendimiento. Siento que vivo una excusa tras otra del porqué no me pongo al dia en nada; de porqué una eventualidad tras otra hacen que cada dia, cada semana y cada mes sea una aventura, pero no de las chidas, son de esas aventuras que a veces golpean la cartera, otras te patean el ego y las mas rudas buscan fracturarte la esperanza.

Me re-leo y me digo, que dramático eres Mike, y la neta creo que si, me lo han dicho una que otra vez; quizás si exagero y reacciono de “más” en situaciones de esas en las que tienes que aplicar todo lo que sabes sobre resiliencia y frustración, pero, la neta, después de ya tantos años seguidos en que la vida adulta, el sat y un desfile de putazitos físico-emocionales me han curtido, creo que es válido un desahogo de vez en cuando.

Desde un inicio he sabido las consecuencias de cada una de las elecciones que voy tomando y de las responsabilidades que estúpidamente me voy creando con la esperanza de que “es temporal en lo que jala”, y pues creo que a estas alturas te puedes dar cuenta de que éste, tu escritor favorito, vive atrapado en eternas chambas temporales autogeneradas y autoimpuestas, pequeñas bolas de nieve que crecen mientras intento empujarlas cuesta arriba, a la inalcanzable cima del éxito.

He dejado de hacer muchas cosas y he sacrificado demasiado en esa persecución, y aunque muchas veces hay señales que me dicen, bájale un poco, las deudas y los niños que crecen y comen cada día más, no me dejan mucha opción en realidad.

Todos los dias es una reinvención, si no es que ya cambió una red social, hay nuevas marcas, otras que desaparecen, proyectos que surgen de la nada y con urgencia mientras que los más planeados, se quedan estancados. Irónicamente me bombardean decenas de reels, tiktoks, shorts y cuánto estilo de contenido existe para decirme que éste estilo de vida no es lo mas sano, pero quizás debería hacer un tiktok de vuelta explicando que si no vivo así, nadie me va a salvar, porque a nadie le importa un carajo lo que pasa más allá de lo que les pasa a si mismos.

Leer, escribir o hacer cualquier actividad ociosa y que no tenga una remuneración inmediata o medible se han vuelto productos de super lujo para mi, no recuerdo la última vez que pude hacerlo sin interrupciones o que realmente pude planearlo. Así como este post, que surgió realmente ya de una necesidad de escribir sobre esto, aún cuando en el fondo de mi mente se repiten pensamientos que me invitan a dejar de hacerlo de una vez por todas, dejar de pagar esta página y dejarla desaparecer con cada una de sus letras.

Los gurús de negocios y de las rutinas me dirán que el problema soy yo, que soy desordenado y cuanta mamada exista para hacerme sentir que soy el culpable de mi propia desgracia, y tienen razón, me digo, mientras los escucho haciendo siempre otra cosa a la vez. Manejo camino a la escuela y leo decenas de correos y what´s entre semáforo y semáforo y a la vez voy resolviendo las aventuras con las que mis hijos me sorprendan, a veces es una actividad escolar de esas que duran 20 minutos pero te rompen e inutilizan la mañana, otras, se ponen mas creativos y deciden darse un chingadazo o tener fiebres repentinas de 40° y hacer la aventura mas emocionante.

¿Es queja? no lo sé, la neta.

¿Desahogo? Es lo que parece, pero yo no lo siento así. A veces me cuesta trabajo distinguir si estoy cansado, enojado o triste, explicar lo que siento al escribir, es tarea aún mas dificil.

Si, parece que navego con bandera de pendejo, o que me tiro al piso, pero no, creo que a lo que estoy llegando es a un nivel de hartazgo y valemadrismo que ante la sociedad y el mundo podría parecer mi carta de renuncia a sus reglas e ideologías, pero ya paso los 40 y esas ideas 2mileras de hackear al sistema y despertar a los demás de una aparente Matrix, ya quedaron atrás, ahi guardadas junto con el X Box, los títulos de universidad y maestría, ahi abajito de la lista de negocios que he emprendido y he fracasado, adentro de la caja esa que apenas y cierra, llena de pendientes propios y de los que otros esperan de mi.

Que sigue? No tengo ni puta idea y la verdad me viene valiendo 3 kilos…

Entender al mundo? Ya no, gracias.

Aqui sigo por si a alguien le interesa entenderme a mi.

#VidaVltra

El valor de la incomodidad: ¿Cómo crecer en los días difíciles?


¿Qué haces cuando la chispa se apaga? Esa es la pregunta que no me deja en paz últimamente. La vida no se detiene, y aquí estamos, tú y yo, en un punto donde las cosas no se sienten como antes. Esto no es un mensaje motivacional ni un cuento para hacerte sentir bien. Es una invitación a incomodarte, porque en esa incomodidad es donde pasan las cosas que realmente valen la pena.

Cuando empecé este camino, lo hice porque necesitaba algo que me sacudiera, algo que me quitara la comodidad y me enfrentara a lo que de verdad importa. Y lo encontré: en los kilómetros interminables, en los días en los que el cuerpo ya no daba, y en las veces que dudé si esto tenía sentido.

Hoy, después de tantos años y tantas metas cumplidas, vuelvo a sentir esa incomodidad. Pero esta vez, no es el reto físico lo que me llama; es la necesidad de reconectar, de darle un nuevo sentido a lo que hago y a por qué lo hago. Porque al final, lo que más pesa no es lo que los demás esperan de ti, sino lo que tú decides esperar de ti mismo y ésto lo convierte es el punto perfecto para decidir: ¿te quedas ahí o vuelves a moverte?


A veces pienso haber caído en la idea equivocada del éxito. Nadie te dice que hay días en los que todo se siente vacío, que la motivación no siempre está y que a veces solo sigues porque tienes que hacerlo. Pero ahí, en esos días de mierda, es donde realmente creces. No por lo que logras, sino por lo que decides no dejar.

Si algo de esto te suena familiar, entonces quédate, nuevos retos y nuevos caminos inciertos comienzan y estarán a la vista de todos. No te prometo respuestas fáciles ni soluciones rápidas. Pero te puedo decir esto: si sigues avanzando, aunque no tengas claro el destino, vas a encontrar algo que valga la pena.


Este no es un lugar cómodo. No más. Es un espacio para pensar, para cuestionarte y, con suerte, para que encuentres algo que te impulse a seguir adelante. Si te hace ruido, bien; si te incomoda, mejor.

Vida Vltra

Me quejo o no me quejo?

Las reseñas, historias o cómo sea que se llame lo que escribo aquí, suelen salir el 99% de las veces por impulso, ya sea una idea a desarrollar que surge repentinamente y que de alguna manera logra ubicarse como prioridad sobre las decenas de pendientes que tengo (que es justo como está pasando en este momento) o muchas veces si son ideas que dan vueltas por mi cabeza por dias, semanas o meses y después de mucho tiempo y un par de borradores, terminan convirtiéndose en algo, según yo, un poco más profundo, aunque en realidad, no dejo de ser yo escribiendo pendejada y media.

Éste post comenzó a gestarse desde hace un par de dias, el sábado 15 de Junio para ser exacto, y es que ése dia estaría corriendo un trail de 36 K bastante rudo que hizo que este texto cambiara tanto en tan solo un par de dias, que mientras lo estoy escribiendo, sigo sin tener claro de que va.

El punto es que mientras arrancaba la carrera, con un entrenamiento que yo se que es apenas suficiente para terminar en un tiempo razonable, me sentía fenomenalmente bien y con confianza de lograr el objetivo de terminar la carrera, comenzaron a surgir ideas sobre cómo escribiría sobre mi “regreso” a las carreras, tratar de profundizar un poco en los procesos y cambios que he vivido estos últimos años y cómo éstos se han relacionado y han influído en mi vida deportiva.

Si ya sé, super básico y sin chiste, pero bueno, asi empiezan a veces las ideas, lo bueno, es que fué evolucionando, conforme avanzaban los kilómetros y las cuestas comenzaban a sentirse cada vez mas intensas comencé a pensar en escribir algo más técnico y responsable, ya sea sobre la irresponsabilidad de no entrenar correctamente, o sobre lo técnico y poco amigable que es el terreno de esta carrera y cómo enfrentarlo mejor.

De hueva, ya lo se.

De pronto la trama cambió pasando el km 10, de lo que parecía que iba a ser una aburrida novela, se convirtió en una comedia, según yo. Resulta que su servidor, en un descenso con muchas piedras y arena, tuve la mala suerte de pisar una piedra que estaba suelta y volé para aterrizar con todo el cuerpo sobre la parte lateral de mi muslo contra una hermosa y puntiaguda piedra rojiza del tamaño de un balon de americano.

Si, dolió.

Y un chingo, y bueno además de que se me durmió la pierna y me costaba trabajo apoyar sin que se me doblara.

Y pues con esto empezó una novela tipo señor de los anillos, ya que para colmo, me caí justo comenzando a bajar del cerro que me tomó como 2 horas subir y pues ahora la fuerza y el control que necesito de mis piernas para los descensos que seguían, lo había perdido. Decidí tomarlo con calma, intentar trotar en los tramos en los que los viera factible y caminar el resto. Y así fué…

Volví a caerme un par de kilometros antes de llegar al abastecimiento, ahora fué un sentón sobre otra piedra, no fué tan grave pero si lo suficientemente doloroso como para ahora ir cojeando de ambos lados. Al final logré llegar para anunciar mi retiro, y todo adolorido, esperar todavía casi 2 horas a que me pudieran llevar de vuelta.

Mientras iba cojeando, sufriendo cada vez un poco más y con el solo que ya comenzaba a sentirse mas intenso, comencé a hacer lo único que me quedaba hacer, pensar en las cosas mas random que pudieran y al mismo tiempo tratar de darle sentido a mi vida. Y ahi es donde surgió un nuevo giro para este post.

Porque ya no iba a ser motivacional, tenía ahora una nueva experiencia de resiliencia y sobre como no arriesgar tu salud por una medalla, o alguno de esos tópicos clickbait que tanto nos maman cuando empezamos en el deporte y con los que la mayoría de los influencers actuales suelen captar masas.

Entonces cómo lo hago? mas bien, lo hago?; vale la pena?

Y bueno pues ahi empieza uno a perderse como en el mundo de Sofia y en darle respuesta a tantas incógnitas tan simples y complejas de la vida. Ya no me preguntaba sobre que escribir, sino si debía realmente hacerlo, o si lo quería.

Y aqui estoy, varios párrafos después, con una historia a medio contar y con la misma incógnita que vengo cargando desde el kilómetro 18. ¿Realmente quiero hacerlo?

La respuesta, es obvia, pero la intención aún no.

Y es que, al final no se si es una historia triste o feliz, es más, ni siquiera sé si aplique realmente como historia y lo peor del caso, es que aunque hubiera dejado una reseña detallada de cómo aconteció todo, o si éste post no existiera, el mundo sería exactamente el mismo. Sin embargo dejé de pensar, dejé de cuestionarme el motivo la intención real escondida detrás de cada acción. Porque ni yo lo sé a ciencia cierta y muchas veces termino descubriéndolo hasta que está terminado y tengo la oportunidad de volver a re leerlo con mas calma.

Lo que si sé es que una vez más, a pesar del resultado, valió la pena cada minuto de la experiencia, me dejó vistas, sensaciones y olores que seguramente olvidaré en unos años, pero un putazo que hará que el recuerdo se aferre a sobrevivir mucho más que la mayoría.

Y por eso elijo no quejarme, porque al final pude escribir este texto y eso es algo que disfruto por el simple hecho de hacerlo, pude observar un poco más de lo que lo hubiera hecho si mi mente no se hubieran podido despegar del terreno y cada pisada y sobre todo, porque aunque pareciera que perdí una medalla, gané algo más chingón, tiempo para pensar por primera vez en mucho tiempo, si sigo haciendo lo que quiero, o simplemente aprendí a querer lo que hago.

Definitivamente no me puedo quejar, me llevé el premio más grande sin querer, tiempo para mi.

#vidaultra

Lo que pienso mientras corro.

Hoy en la mañana mientras corría mi mente comenzó a divagar, cómo en cada cada entrenamiento, primero surgen todos esos pensamientos que te quitan el sueño, te provocan agruras y que seguramente son los que te motivaron a ponerte los tenis, o los huaraches en mi caso, una vez más para poder huir de ellos.

Conforme comienzan a pasar los minutos y los kilómetros te das cuenta de que lo lograste, esos pensamientos culeros por fin se quedaron atrás y comienzan a llegar unos diferentes, no precisamente mejores, o al menos no siempre, pero generalmente comienzan a ser hilos de pensamiento que mágicamente comienzan a darle solución a tu vida.

No voy a negar que en esos hilos he tenido una gran cantidad de momentos ¡Eureka!, de esos que una vez que los piensas hasta te sientes medio pendejo por no haberlos pensado antes, son los menos, pero cuando se vuelven realidad y funcionan hasta crees en el poder de la atracción y todo ese pensamiento mágico que a veces te llega por cadena de whatsapp.

Ahora vayamos a la realidad, ese 1 pensamiento que se “manifestó” , merece bombo y platillo, no voy a debatir con eso, de lo que quiero hablar es de los otros 999 999 pensamientos de cada millón que no se volvieron realidad, esos que a la vuelta de la esquina desaparecieron porque algo te distrajo, un semáforo, otro corredor, un auto que casi te mata o lo mas común, murió aplastado por otro pensamiento que vino exactamente del mismo lugar, tu caótica mente.

Y fué justo hoy, en donde una idea brillante, se perdió por otra idea menos brillante, les cuento.

Después de unos 30 min. corriendo tuve una gran idea, increíble, algo muy simple que me iba a ayudar mucho. Algo de trabajo… no, de paternidad… no, era de….

Pues resulta que esa gran idea me hizo tener miedo de perderla, así que pensé en ese momento, “odio que no exista algo que me permita grabar mis pensamientos”, hasta ese momento la idea seguia en mi mente, porque, acto siguiente, como a veces hago, sacaría el teléfono para grabar un mensaje de voz rápido y casi inentendible sobre la grandiosa idea, pero este dia, no lo haría, así, haría “algo mejor”.

Y fue entonces que, sin dejar de correr, siguiendo avanzando por las calles de la ciudad, ipsofacto, comienzo a echar a andar una nueva idea, no, no era la idea grandiosa original, era una mejor y tan simple como la primera, esta era el dejar el teléfono grabando todo el camino, aprovechando que traía los audifonos, y que ya casi no los utilizo para correr, los usaría de microfono. Y ahí es donde todo valió madres.

Me disponia a grabar la idea original para comenzar el gran proyecto, y aunque todo este proceso mental que acaban de leer parece largo, la realidad es que no duró ni 1 minuto. Esos segundos que tardé entre la gran idea y ponerme los audífonos para grabar, fué el tiempo que tardé en olvidarla.

Seguí corriendo, tratando de retomar la idea de pensamientos original, relajándome con la intención de que volviera, y entonces recuerdas la vez que los audífonos se te quedaron sin batería y tuviste que correr con ellos todo el camino puestos en silencio porque no traías donde guardarlos, y así poco a poco, el tren de pensamiento se alejó hasta un punto en el que me di cuenta de que ya había llegado a casa, que lo único que grabé fueron tonterias y hasta iba a decir que perdí el tiempo, pero ahora que lo escribo, pienso que quizás no tanto.

Perdí lo que aún estoy seguro que era una grandiosa idea, y la verdad no es la primera vez que me pasa, ya sea por estar muy ocupado o por no tener como anotarlo, siempre termina por irse, eso estaría chingón si no lo supiera, lo malo es cuando sabes que lo olvidaste y de alguna manera esa sensacion y ese pensamiento te persigue por horas o dias.

Y aquí es donde quedaría chingonsísimo una moraleja o algún consejo, pero nel, por más que incluso escribí esto con la intencíon de lograr recordar, no funcionó.

Quizás algún dia vuelva la idea, quizás no era tan espectacular o incluso puede que la recuerde y termine ganando un premio por ella, quizás era un absurdo, o quizás era simplemente la idea de cómo escribir un texto en mi blog, y que te quedaras hasta el final porque creíste que aqui ibas a encontrar esa gran idea que tu algún dia perdiste.

#porlaspurasganasdeescribir

#vidaultra

Re start

Hace mucho tiempo que no estoy por aquí, sin temor a equivocarme, estoy seguro que ésta ha sido la pausa mas larga en este blog desde hace poco mas de 10 años que inició. Existe un borrador que nunca se terminó de escribir, su título era “Pausa” y comencé a escribirlo en Enero 2022 y se quedó inconcluso después de 2 meses de intentar encontrar la inspiración una y otra vez.

Y en lugar de iniciar este nuevo texto, pensé retomar el anterior, pero no tiene caso, ni la situación es la misma, ni yo soy el mismo.

¿Drama? Si hubo algo de eso durante este tiempo, no lo voy a negar, fué mucho menos de lo que en algún momento llegué a imaginar, pero de que hubo y sigue habiendo días que podrían perfectamente crear el guión de un capítulo de la Rosa de Gudadalupe, neta que si, se los juro que a mis 40 aún hay novela que contar.

¿Lágrimas? Si, la neta también, un chingo. No puedo decir que tengo traumas machistas porque me prohibían llorar de niño o algo de ese estilo, sin embargo, a pesar de recordar haber sido un niño/adolescente chillón, durante casi 2 décadas dificilmente recuerdo haberme dado la oportunidad de sucumbir a mis emociones, no recuerdo llorar sin la necesidad de recorrer cientos de kilometros para tener la excusas del dolor o del cansancio, y mucho menos hacerlo frente a familia, amigos o mis propios hijos, quienes ahora saben que su papá puede parecer un super héroe para ellos, pero también es un humano que a veces necesita desahogarse, así como ellos lo hacen.

Mi vida ha cambiado tanto en tan poco, que hoy me es imposible verme en fotos de instagram de hace un par de años y sentir que no es la misma persona que soy hoy. La mayoría de mis pasiones, mis prioridades y mi compromiso con la vida que sueño tener siguen intactos, pero hubo un par de decisiones que con plena conciencia decidí tomar, a pesar de la enorme incertidumbre que me quitaba el sueño por no saber si hacía o no lo correcto, y hoy, a pesar de seguir en medio del torbellino, puedo confirmar que ver hacia dentro de mi por primera vez en mucho tiempo, ha hecho que mi forma de vivir haya cambiado drásticamente, por fortuna, para bien.

Tuve que romper muchas cosas, más de las que hubiera querido y algunas incluso que ni siquiera había considerado que tuvieran que romperse, relaciones personales, sociedades y algunas amistades que resultaron no ser tan reales, pero que al final siempre dejan un buen recuerdo y aprendizaje.

Aprendí que decir NO de vez en cuando es un buen ejercicio para conocer mejor tu entorno.

Aprendí que aunque aún tengo mucho que apender como padre, tengo una relación más fuerte y sana con mis hijos.

Aprendí que a la gente culera hay que decirle directamente con todas sus letras, que son culeras, antes de alejarse de ellas, neta el mundo sería mejor si todos lo hiciéramos.

Si bien siempre he valorado el uso de mi tiempo, aprendí a ser mas estricto con quien lo comparto y a desperdiciar el menos posible.

Aprendí que amarse a uno mismo debería ser la lección mas importante que uno deberá recibir en la niñez y que nunca es tarde para aprender.

Aprendí que durante años he entrenado mi cuerpo y mi mente para lograr conquistar retos que alguna vez creí imposibles, pero que entrenar las emociones requiere un grado de compromiso y constancia brutalmente mayor.

¿Quien soy hoy?

Ni idea, creo que estoy en ese proceso de autodescubrimiento, lo chingón es que cada dia me siento mas cómodo con esa sensación de curiosidad, de seguir experimentando, arriesgando y expresándome. Si, suena a speech barato del coach de vida de tu preferencia, pero creo que cada dia le encuentro mas sentido a eso de “disfrutar las pequeñas cosas de la vida” porque a veces esas pequeñas cosas, son lo único que te queda y con eso tienes que reconstruirte las veces que sea necesario.

Mike

La Vida Ultra no se crea ni se destruye, solo te transforma.

UltraMX515 DIA 1

Si ya estás algo familiarizado con este tipo de prueba, sabes que la aventura comienza desde un par de dias antes, quizás los que ya sabemos de que vá no necesitamos tanto, sin embargo, alguien que va de cero, que lleva el stress y los nervios a 1000 y que además tiene que capacitar y revisar los últimos detalles con su crew, definitivamente estos 2 dias previos son cruciales para dejar todo listo y arrancar la carrera con los menores pendientes posibles.

Y pues así comenzó una vez más la aventura, que insisto, no por tener mas expriencia, se vuelve mas fácil.

Miercoles poco antes del medio dia ya estábamos en Fresnillo, y después de una buena desmañanada, con solo un café y un pan en el estómago y después de un vuelo y un trayecto en auto, por fin estamos ya en donde la madriza, mejor conocida como UltraMX se lleva a cabo. Parada obligatoria, cocina Lucita, un buen desayuno mexicano nos da la bienvenida y nos recuerda que dentro de un par de dias el desayuno y la comida no será mas que café, si bien me va algún sandwich ligero y cantidades industriales de geles energéticos, bebidas de carbohidratos, electrolitos y snacks varios, todo esto mientras se nada, rueda o corre.

El miercoles transcurre con calma, mas allá de hacer check in en la habitación e ir a la revisión de la bici, no hay mucho más que hacer este dia. Afortunádamente el mecánico del evento es el jefe de Xpertbike, el buen Bamboo, asi que mi bici ya vá más que garantizada, revisada y con todos sus servicios en forma. Una presión menos que he aprendido a quitarme, no hay nada peor que llegar con una bici con detalles o mal ajustada a un evento, en especial a uno de esta magnitud, el stress que se genera es demasiado, y el riesgo de falla es muy alto.

En la entrega de paquetes

Este año afortunadamente mi crew volvió a la “normalidad” es decir,la pandemia ya está cediendo y eso permitió que mis hijos pudieran quedarse con sus abuelos y Anahi, la crew chief, estuviera de vuelta en el equipo con mis hermanos, que son los que constantemente han seguido apoyándome en éstas locuras, y en especial Charlie, que al dia de hoy ha estado conmigo en los 8 Ultras en los que he participado, con un debut que casi lo mata y motivo por el que mi primer Ultra quedó grabado en la posteridad (si no sabes la historia, la encuentras aqui). Entonces, ya con crew completo, hay mucho más calma para todos, ellos ya facilmente pueden rolarse las actividades en ruta, divertirse o echar chisme al grado de que empiecen a cuidar a otro atleta y a mi me dejen solo en la ruta (nomás tantito).

El dia previo a la carrera es algo que a mi me gusta mucho, es donde puedes reecontrarte con todas las caras conocidas y conocer a todos los que se integran a esta nueva familia. Conforme pasan los años este dia se vuelve mucho mas emocionante y divertido, porque algunos atletas regresan como crew, algunos que fueron crew regresan como atletas y todos los que durante meses únicamente convivimos mediante el chat oficial del evento, por fin nos conocemos en persona.

Quiero resaltar que ésta convivencia es muy importante, si tú tienes planeado en algún momento formar parte de una carrera de este estilo, el integrarte al grupo puede ser la diferencia entre terminar o no, disfrutarlo o sufrirlo y sobre todo formar parte de una familia que no importa cuantos años pasen, siempre seguirán echando desmadre contigo y sobre todo, te entienden, lo cual es raro cuando te encuentras con gente “normal”.

Standupero internacional

Gracias a que las restricciones de pandemia se tranquilizaron, pudimos volver al teatro Echeverría, un muy bonito teatro en el centro de Fresnillo el cuál utilizamos para realizar la junta previa, presentación de atletas, solución de dudas finales y pues algunas pláticas de atletas de años anteriores, en este año fue muy emocionante y emotivo, ya que fuí elegido por Van para dar unas palabras a los atletas, pero no solo eso, recibí un reconocimiento por parte de la organización por mi participación en todos los UltraMX que se han realizado y eso fue muy especial, Ramiro Gutierrez, es otro atleta que tambíen tiene todos los UltraMX y no solo recibió el mismo reconocimiento, sino que me dedicó unas palabras que para que les miento, me hicieron soltar una que otra lágrima, es alguien que admiro y respeto mucho, y pues ahi dejó claro ante todo el público que es algo mutuo.

Atletas 2021

Entre dudas, bromas y risas nerviosas, llegó el momento de la foto de recuerdo. Todos los atletas reunidos para comenar la gran aventura. Sería el último momento en el que nos veríamos todos antes del arranque al dia siguiente.

Premios sin llenadera 2021

Para nosotros aún había algunos pendientes, como ir al super para abastecernos de todos los alimentos que el crew y yo comeriamos los próximos 3 dias, rellenar la gasolina del carro, preparar el equipo del dia siguiente y pues, aunque ya no hay mucho que no sepan, una vez más, la junta con el crew para explicales mi estrategia de alimentación de este año, mi plan de carrera y sobre todo, como tomar unas fotos y videos mamalones. Porque como el equipo de Panal Collective una vez más estaría produciendo el video oficial, pues hay que ponerse guapos para que, si no le doy, al menos parezca.

Llegó la hora de dormir y aunqué dormí bien, quise haber dormido un poco más, pero ya no había nada que hacer, solamente prepararme para la etapa que mas nervios me genera y a la cuál le tengo el máximo respeto, la natación, si bien, es solo el principio y he logrado superar condiciones muy adversas en diferentes años, y no solo en ultras, tambíen en distancias mas cortas pero con mares picados y corrientes desgastantes, es una etapa en la que sé que no tengo mucho talento y es por eso que nunca la menosprecio ni la tomo a la ligera, cualquier minimo error puede dejarme fuera muy pronto y quiero mantenerme concentrado para evitar que eso suceda.

Aunque el trayecto para llegar a la presa donde nadamos es algo largo y complicado, cuando menos me doy cuenta me encuentro frente a la presa, o al menos eso parece, porque la oscuridad es tal que es imposbile ver mas allá de donde las luces de las carpas de la organización permiten. Una penumbra total nos envuelve en medio de la nada, y lo divertido y a la vez un poco aterrador, es que el arranque será cuando la oscuridad aún permanezca, dificilmente se logra ver la primer boya, así que al menos la primer vuelta, el primer kilómetro será algo retador y divertido, no se si alguien tiene una estrategia para saber hacia donde dirigirse, pero al menos yo, como lento nadador que soy, sé que solamente tengo que seguir a donde el cardumen de ultras se dirija.

Tenía mas frio antes de arrancar que dentro del agua

Efectivamente la primer vuelta fué algo complicada, el cielo empezaba a clarear y conforme avanzábamos era posible ver cada vez un poco más la boya final, afortunádamente el agua no estaba fria, al menos no para mi, y eso hacía que la nadada fuera solamente un trámite de paciencia y constancia. Si en plena obscuridad y sin rayos del sol el agua era agradable, una vez que el sol pegara se iría volviendo mucho mas sencillo.

Uno valiendo madres en el agua pero el crew tirando rostro…

Algo que me preocupaba más era la corriente, el año pasado conforme pasaba el tiempo, el aire en la zona aumentaba y con esto la corriente, haciendo que las últimas 2 horas fueran una verdadera pesadilla, vueltas extremadamente lentas y cansadas, así que como el agua se sentía muy tranquila, me esforcé por nadar lo mejor posible desde el inicio para ganar cualquier metro que fuera posible, en caso de que la corriente aumentara, tener la menor distancia pendiente por recorrer. Afortunádamente este año no fué asi y pude terminar una hora antes de lo que terminé el 2020. Algo que no mencioné y vale la pena es la belleza del lugar en el que nadamos, es un paisaje que incluso desde el agua, mientras nadas se ve increíble, para los espectadores, es aún mejor.

Presa Las Cruces

Al fin estoy fuera del agua, con calma me ayudan a quitarme el wetsuit, ponerme los tenis y comenzar a caminar de regerso al auto, es una transición de más de 1km en terracería, por lo que aprovecho este tramo para ir comiendo, hidratándome, secándome y calmando un poco la respiración. Me esperan aún 145km de bici y aunque me siento mejor que todos los ultras anteriores, si siento el cuello y la espalda cansados y sé que eso hace que la comodidad en la bici sea casi de imposible de lograr en este dia, asi que tengo que estirar y tratar de acomodar y relajar los músculos del tren superior lo mas posible para poder usar las aerobarras y tratar de ir cómodo y solo preocuparme por pedalear.

Siempre hay timepo para la tragadera

Después de esa larga transición y de cambiarme de ropa en el carro, estoy listo para salir, tomo la bici, me monto y comienzo a pedalear. Las sensaciones iniciales son buenas, el cansancio en cuello y hombros el esperado, pero las piernas responden y el ánimo está al máximo. Sé que la distancia que se recorre en este dia es poca y cómoda, asi que lo tomo con calma, me enfoco en mantener el ritmo, tener paciencia y llegar a vetagrande, que es la única subida del dia. Los kilómetros pasan rápidamente, pero la expectativa de llegar al retorno hacen que se sienta mucho mas largo el camino de lo que es.

Masaje de cuello para aguantar la bici

La subida se siente menos pesada de lo que recordaba, asi que pienso que es algo bueno, quiere decir que traigo mas piernas o mejor cabeza para enfrentar el reto, pero no me confío, se que aún faltan 2 dias por enfrentar y cualquier minimo canto de victoria antes de tiempo puede ser dañino.

Comienzo el rápido y divertido regreso a Fresnillo, bajar vetagrande a más de 60km/h hacen que la adrenalina y el aire me hagan despertar y sentir mejor, podría ir mas rápido aún, pero el asfalto irregular no me da la confianza de soltar totalmente los frenos, sin embargo sigo disfrutando el saber que aunque faltan 60km en el dia, el regreso es prácticamente trámite.

Al fin estoy de vuelta en Fresnillo, pocos kilómetros me separan de la primer meta, me siento perfectamente bien y con mucha energía, asi que el trabajo inicial ya está hecho.

Alineación y balanceo. Listo para el dia 2

Cruzo la meta con una sonrisa de oreja a oreja mientras mi crew, la organización y algunos atletas que siguen en el área de recuperación me reciben. Por ahora solo resta ir a comer, descansar y prepararme y mentalizarme para la siguente chinga, de esas que te ponen a pedalear 280 km sin parar.

#VidaUltra